Mostrando entradas con la etiqueta Teoria de la Evolucion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teoria de la Evolucion. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de agosto de 2009

15 ejemplos de evolucion

Mientras los fundamentalistas religiosos siguen con sus barbaridades, aquí os traigo este artículo de Nature en el que nos presentan 15 ejemplos de evolución, por supuesto, demostrados científicamente (mi agradecimiento a Raulpaul, de los foros de e-ciencia.com, por su aportación y habernos hecho llegar este estupendo artículo).

martes, 16 de junio de 2009

Cuestiones cientificas sin resolver

Una de las grandes cuestiones científicas por resolver es cómo puede ser que, tras miles de años de evolución, siga habiendo tantísimos gilipollas por el mundo. Algunos estudiosos lo achacan al azar. Otros, sin embargo, utilizan la existencia de imbéciles para invalidar la teoría evolutiva de Darwin y poner en valor la teoría creacionista. La existencia de idiotas, por tanto, explicaría la existencia de Dios.

Vía Mi mesa cojea.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Humanos, ¿creados o evolucionados?

Impresionante y muy completa la entrada que podemos leer en Ciencia al Día acerca del origen del hombre:

En este año de Darwin el creacionismo y el evolucionismo siguen arremetiendo el uno contra el otro sin llegar al entendimiento.

Es lógico si tenemos en cuenta que el primero no requiere pruebas para ser comprobado, tan solo Fe y el segundo, justamente lo que requiere para su comprobación son evidencias físicas.

Pero abordemos la cuestión que nos ocupa a través del sentido común y unas pequeñas pinceladas de método científico.

Una vez observado el hecho evidente que existimos como especie, que estamos aquí, hipoteticemos, según lo que sabemos de ciencia y de religión, sobre como hemos llegado a ser.

Planteemos, pues las 2 hipótesis:

HIPOTESIS A) Hemos sido Creados.

El Gran Diseñador existe y somos su gran obra, creados a su imagen y semejanza somos la criatura más perfecta que ha existido jamás. El culmen de toda su obra creativa.

Ha creado piezas únicas de la nada, creadas expresamente para tan magna obra, ha diseñado mecanismos armoniosos y perfectamente sincronizados que hacen de nosotros seres cuasi perfectos, según su voluntad.

Todo en nosotros realiza una función de manera óptima pues hemos sido Diseñados ex profeso.

¿Acaso el Gran Relojero añadiría a un Reloj engranajes desdentados que impidieran el buen funcionamiento del mismo? ¿Es posible que el Gran Pintor realizara trazos sin sentido que desvirtuaran su gran obra? ¿Podría ser que el Gran Ingeniero añadiera a su Obra Maestra elementos, mecanismos, que la distorsionaran, que no realizaran correctamente su función o que la pusieran en peligro? Por supuesto que no. Por esa razón es un Diseñador Inteligente, omnipotente y omnisciente.

HIPOTESIS B) Provenimos de la Evolución de otras especies.

Es irrelevante la existencia o no del diseñador. Somos hijos del tiempo y la necesidad, de las adaptaciones y las mutaciones ciegas que generarán variaciones que se enfrentarán a la selección natural, al medio, a otros organismos.

La Evolución no crea piezas óptimas de la nada para generar a sus hijos, tan sólo modifica la materia prima ya existente. Genera pequeños cambios generación tras generación y es chapucera en muchos casos ya que no siempre la materia prima es la más idónea para sus propósitos.

Nos encontramos con estructuras, elementos u órganos enteros sobrantes, mecanismos no optimizados pero que llevan a cabo su función, estructuras afuncionales, vestigiales o deformadas. Pero en conjunto, somos organismos vivos, adaptados de la mejor manera posible al medio. No somos perfectos, tan solo sobrevivimos con lo que disponemos.

Una vez establecidas ambas hipótesis, busquemos en nuestro organismo evidencias que nos indiquen cual de las dos es la correcta. ¿Estamos perfectamente formados, como sostiene la primera hipótesis o sin embargo encontramos defectos e imperfecciones como indica la segunda?

Observemos la siguiente lista de órganos y mecanismos humanos y extraigamos conclusiones:


Lee el artículo completo pulsando aquí.




Trackback URL

jueves, 5 de marzo de 2009

Falta de información

Hace unos días, en los foros de e-ciencia.com debatíamos sobre evolución y religión. Siendo mi postura compartida con unos compañeros del foro y enfrentada a otros, defiendo que la religión ha aparecido por una falta de información del entorno que nos rodea. Sirva el siguiente texto como ejemplo ilustrativo:

El sol estaba cerca del horizonte. Las criaturas de vida más corta de todo el Mundodisco eran las cachipollas efímeras, que apenas si duraban veinticuatro horas. Dos de las más viejas zigzagueaban sin rumbo fijo, sobre las aguas de un arroyo de truchas, discutiendo acerca de historia con algunos de los miembros más jóvenes de la nidada vespertina.
—En estos tiempos, el sol ya no es el que era —dijo una de ellas.
—En eso no te falta razón. En las horas de antes sí que había un sol como debe ser. Era todo amarillo. No como esa cosa roja.
—Y también estaba más alto.
—Es verdad, tienes razón.
—Y las ninfas y las larvas te mostraban un poco de respeto.
—Muy cierto, muy cierto —asintió la otra cachipolla efímera con vehemencia.
Las cachipollas más jóvenes escuchaban con educación.
—Recuerdo —prosiguió una de las moscas viejas— cuando todo lo que abarcaba la vista eran praderas.
Las cachipollas jóvenes miraron a su alrededor.
—Siguen siendo praderas —aventuró una de ellas tras un cortés intervalo.
—Recuerdo cuando eran praderas mejores —replicó bruscamente la vieja.
—Sí —asintió su colega—. Y también había una vaca.
—¡Es verdad! ¡Es verdad! ¡Me acuerdo de esa vaca! Estuvo justo allí durante..., oh, durante cuarenta o cincuenta minutos. La recuerdo bien, era marrón.
—Ya no hay vacas así en estas horas.
—Ya no hay siquiera vacas.
—¿Qué es una vaca? —preguntó una de las jovencitas.
—¿Lo ves? —replicó la cachipolla vieja en tono triunfal—. Así son las moscas modernas. —Hizo una pausa—. ¿Qué estábamos haciendo antes de empezar a hablar sobre el sol?
—Zigzaguear sin rumbo fijo sobre las aguas —dijo una de las moscas jóvenes.
No estaba del todo segura, pero era una suposición con visos de probabilidad.
—No, antes de eso.
—Eh..., nos estabas hablando sobre la Gran Trucha.
—Ah, sí. Eso. La Trucha. Bueno, veréis, si has sido una buena cachipolla efímera, si has revoloteado bien arriba y abajo...
—... prestando atención a los ancianos, que saben más que tú...
—... si, prestando atención a los ancianos, que saben más que tú, entonces, al final, la Gran Trucha...
Clop.
Clop.
—¿Sí? —inquirió una de las moscas más jóvenes.
No recibió respuesta.
—¿Qué pasa con la Gran Trucha? —quiso saber otra mosca, nerviosa.
Contemplaron la larga serie de anillos concéntricos que se expandían en el agua.
—¡El signo sagrado! —exclamó una cachipolla—. ¡Recuerdo que me hablaron de eso! ¡Un Gran Círculo en el agua! ¡Ése será el signo de la Gran Trucha!
La más vieja de las cachipollas jóvenes contempló el agua, pensativa. Empezaba a darse cuenta de que, al ser la mosca de más edad entre las presentes, le correspondía el privilegio de revolotear más cerca de la superficie.
—Se dice —empezó la cachipolla que volaba en la parte superior de la zigzagueante multitud— que, cuando la Gran Trucha viene a buscarte, vas a una tierra donde abunda..., abunda... —Las cachipollas efimeras no comen. No sabía cómo seguir—. Donde abunda el agua —terminó como pudo.
—Debe de ser verdad —asintió la mosca más vieja.
—Pues allí se debe de estar muy bien —siguió la joven.
—¿Sí? ¿Por qué?
—Porque nadie ha querido volver aquí.

Leído en El segador, de Terry Pratchett.

¿Y si, a fin de cuentas, nuestra creencia en dios es, simple y llanamente, una falta de información? Nuestro cerebro tiende a rellenar de forma creativa, o dicho de otro modo, nuestro cerebro inventa la información de aquellas cosas que desconoce u olvida (véase por ejemplo el síndrome de Korsakoff). Desde luego, si de aplicar la navaja de Ockham se tratara, la falta de información es una explicación mucho más sencilla y lógica que la idea de que existe un ente superior que nos ha creado y hecho evolucionar, pero que, misteriosamente, no podemos ver ni tocar ni oir ni nada parecido...


Trackback URL

sábado, 7 de febrero de 2009

La irracionalidad del Papa

Es un hecho conocido que el anterior Papa, Juan Pablo II, en octubre de 1996 afirmó la validez científica de la Teoría de la Evolución. Ahora llega el nuevo Papa conservador, ese que tiene antecedentes nazis (por haber estado primero en baterías antiaéreas y luego en las antitanques durante la Segunda Guerra Mundial, y que unos días antes de que terminara la guerra, cuando ya se sabía que Alemania iba a perder, presuntamente desertó pero fue capturado por los aliados y le metieron en un campo de concentración), y dice que la teoría de la evolución es irracional (ni que fuera racional creer en su dios...). Tal vez a él le parezca racional rehabilitar al obispo que anteriormente había negado el Holocausto y que, encima, no se retracta de ello. Buena le ha caído a los católicos con su flamante Papa nazi conservador.

De pegatinas y creacionistas

Resulta que en el condado de Cobb County, en el 2002, la Junta Escolar tuvo la ocurrencia de poner la siguiente pegatina en los libros de texto de ciencias naturales:







Que traducido dice: "Este libro de texto contiene material sobre la evolución. La evolución es una teoría, no un hecho, acerca del origen de los seres vivos. Este material debe ser tratado con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente". Como ya hemos visto en otras entradas, la Constitución de los EE. UU. deja muy clara la separación entre iglesia y estado, por lo que estas pegatinas son, simplemente, inconstitucionales. Lógicamente se presentó una denuncia, fue a juicio el asunto y el juez falló en contra de la Junta Escolar obligando a que se retiraran las pegatinas. Claro que la sentencia tardó dos años en llegar, y mientras tanto hubo réplicas, también en forma de pegatina, como las que podemos ver en Un planeta con canas, si bien nunca fueron impuestas en los libros de texto ni en las biblias, sino que fueron publicitadas como protesta a la ridícula decisión de la Junta Escolar:



"La evolución es sólo una teoría- como la Ley de la Gravedad".

"La evolución es un HECHO. Dios es sólo una teoría". La siguiente pegatina fue creada para pegarla en una biblia:

"Este libro trata sobre dioses. La existencia de entidades con poderes sobrenaturales es controvertida, y muchos creen que los mitos, especialmente los mitos de otras personas, son ficción. Este material debe ser tratado con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente."

Aunque, sin duda, la pegatina que mejor se aproxima al contenido de la biblia es la siguiente:



"Precaución: Esta es una obra de ficción. No interpretar literalmente.

Aviso sobre el contenido
: contiene versículos describiendo o incitando al suicidio, incesto, zoofilia, sadomasoquismo, actividad sexual en un contexto violento, asesinato, violencia morbosa, uso de drogas o alcohol, homosexualidad, voyeurismo, venganza, menoscabo de figuras de autoridad, ausencia de normas, violaciones y atrocidades de los derechos humanos.


Aviso de exposición
: la exposición a los contenidos durante períodos de tiempo prolongados o durante los años formativos en niños puede provocar ilusiones, alucinaciones, merma de las capacidades cognitivas y de razonamiento objetivo, y, en casos extremos, desórdenes patológicos, odio, intolerancia, y violencia, incluyendo, pero no limitado a, fanatismo, asesinato, y genocidio.
"

Si los científicos no nos metemos en la iglesia a hablar de la evolución, de química, o de genética, ni nos dedicamos a poner pegatinas en los textos religiosos, ¿por qué los religiosos se empeñan tanto en meterse donde no les han llamado? ¿Por qué tenemos que seguir aguantando que impongan sus creencias a los demás? ¿Por qué no nos dejan en paz con nuestra libertad de culto?

miércoles, 4 de febrero de 2009

Cuando la religion se mete a estadista

Hace unos días apareció en los medios de comunicación una encuesta en la que se afirmaba que el 50% de la población del Reino Unido no cree en la Teoría de la Evolución. Sin embargo, parece ser que los señores que han realizado la encuesta no han sido honestos... Resulta que la encuesta la ha realizado una organización político-religiosa llamada Theos fundada con el apoyo de... ¡¡dos arzobispos y un cardenal!! Viendo sus bases, no es de extrañar que defiendan que la sociedad se está des-secularizando y que sólo puede crecer en la fe. Si las personas que hacen la encuesta ya tienen una opinión sesgada, ¿cómo será la encuesta? Pues parece ser que también es sesgada, puesto que ninguna pregunta hace referencia directamente a la Teoría de la Evolución: de las cuatro preguntas realizadas, ninguna hace referencia directamente a Darwin ni a la Evolución de Darwin, ni, como es de esperar, a la Síntesis Moderna de la Evolución, que es la verdadera teoría que se maneja actualmente, y no la de Darwin que fue superada hace décadas.

A los encuestados se les preguntó si las creencias en: a) creacionismo de la tierra joven (dios creó la tierra hace 10.000 años); b) evolución teísta (la evolución es la forma en que dios ha creado a los seres vivos) ; c) evolución atea (la evolución convierte en absurda e innecesaria la creencia en dios); d) diseño inteligente (la evolución por si sola es insuficiente para explicar las estructuras complejas de los seres vivos y por eso hace falta la intervención de un diseñador en momentos clave); eran o no verdaderas ofreciendo al encuestado 5 posibilidades: definitivamente cierta, probablemente cierta, probablemente falsa, definitivamente falsa, no sabe/no contesta.

Si observamos cada opción y su explicación, podemos constatar un sesgo fuerte y profundo, algo que no se debe permitir en una encuesta. Dicho de otro modo, la encuesta está manipulada y, además, manipula a la gente. Y digo este último porque, si nos fijamos en la tercera opción, vemos claramente de que pie cojea el encuestador. Se ofrece la opción "evolución atea" como aquella en la que la creencia en dios es absurda e innecesaria. Veamos esto con más calma: la evolución "atea" sería el equivalente a decir que la evolución de los seres vivos ocurre por fenómenos genéticos y medioambientales. ¿Cómo se puede deducir por tanto, que si uno cree en esta evolución "atea" que en realidad habría que llamar evolución "genético-medioambiental" entonces ya no sólo no puede creer en dios, sino que además creer en dios es absurdo e innecesario? Como ya comenté en otra entrada, es una falacia:

No es asunto de la ciencia si dios existe o no, ya que no es una hipótesis falsable y por tanto es un tema que no le concierne a la ciencia. En cualquier caso, es una lógica muy extraña esa de que "si A no es consecuencia de B, entonces B no existe". Es el equivalente a decir que como las peras no son consecuencia (o fruto) de un manzano, entonces el manzano no existe. Dicha lógica no tiene ni pies ni cabeza, es una falacia pura y dura, pero cuando se carecen de argumentos científicos como les sucede a los religiosos (sean creacionistas o defensores del diseño inteligente) no les cabe otra posibilidad que desarrollar tales falacias (porque callarse no se van a callar, prefieren quedar en ridículo).

Visto el sesgo con el que se ha realizado la encuesta, tampoco sorprende el hecho de que no hayan preguntado sobre la formación educativa de los encuestados y si profesan o no alguna religión, datos que nos ayudarían a saber si la encuesta se ha hecho en una universidad o a la salida de una iglesia (que no es lo mismo una cosa que otra). Así que, cuando uno quiere obtener determinados resultados sí o sí, nada mejor que hacer una encuesta sesgada y manipulada en la que, además, se recurra a la manipulación de la gente. Siguiendo ese mismo principio, estoy seguro de que si yo ahora me pongo a encuestar gente, el 100% creería en la Síntesis Moderna de la Evolución y en el Monstruo Volador del Espaguetti. Ramén.

martes, 3 de febrero de 2009

El ejemplo y las lecciones de Darwin

José Manuel Sánchez Ron


Hace 200 años, el 12 de febrero de 1809, nació Charles Darwin. Podemos debatir si los trabajos y teorías -y a la cabeza de éstas, la del origen de las especies mediante selección natural- de Darwin son más o menos importantes que el sistema geométrico que sistematizó Euclides, que la dinámica y teoría gravitacional de Newton, que la química que creó Lavoisier, que la relatividad de Einstein, que la física cuántica o que la teoría biológico-molecular de la herencia, pero lo que es difícil negar es que ninguna de esas contribuciones logró lo que consiguieron las de Darwin, que desencadenaron una serie de procesos que afectaron a algo tan básico como nuestras ideas acerca de la relación que nos liga con otras formas de vida animal que existen o han existido en la Tierra. En este sentido, abordó cuestiones que van dirigidas a la médula de la condición humana.

Expresado muy brevemente, Darwin sustanció con muy variadas evidencias la idea (que otros antes que él habían propuesto) de que las especies evolucionan, encontrando además un mecanismo que hacía plausible tal evolución; defendió que la vida es como un árbol, de cuyas raíces han ido brotando diferentes ramas, esto es, especies que con el paso del tiempo continúan diversificándose, dando origen a otras bajo la presión de determinados condicionamientos. Después de esforzarse por encajar en una gran síntesis las piezas (zoología, botánica, taxonomía, anatomía comparada, geología, paleontología, cría domestica de especies, biogeografía...) del gigantesco rompecabezas que es la naturaleza, y estimulado por la noticia de que Alfred Wallace había llegado a conclusiones similares, aunque no tan sustanciadas, en noviembre de 1859 -pronto hará, por consiguiente, 150 años- publicó un libro que forma parte del tesoro más precioso de que dispone la humanidad: El origen de las especies. Doce años más tarde, en otro gran libro (El origen del hombre), aplicó a los humanos las lecciones del primero, despojándonos del lugar privilegiado en la naturaleza que hasta entonces nos habíamos adjudicado.

A lo largo del siglo y medio que nos separa de la publicación de El origen de las especies, la esencia de su contenido no ha hecho sino recibir confirmación tras confirmación. Puede que aún resten cuestiones por dilucidar, pero el evolucionismo darwiniano nos suministra un marco conceptual y explicativo imprescindible para comprender el mundo natural de manera racional, sin recurrir a mitos.

A la vista de todo lo dicho, podría pensarse que la única actualidad de Darwin y de su obra es la de honrar su memoria utilizando la excusa de los dos mencionados aniversarios. Ojalá fuese así. La evolución entendida a la manera de Darwin es un hecho científico, contrastado de manera abrumadora, y su relevancia para situarnos en el mundo es obvia, pero no es universalmente aceptada. En Estados Unidos solamente la acepta el 40% de la población. En Europa su aceptación es mayor, especialmente entre los franceses y los escandinavos (creen en ella aproximadamente el 80%), aunque no deja de tener problemas: en una encuesta realizada en Reino Unido por la BBC en 2006, el 48% la aceptaba, mientras que el 39% optaba por alguna forma de creacionismo, y un 13% "no sabía".

La historia de la oposición de los creacionistas a Darwin ha sido comentada en numerosas ocasiones y no pretendo volver a este asunto, que, sin embargo, continúa vigente, aunque ahora sea recurriendo sobre todo a una nueva terminología: el diseño inteligente, la idea de que un Dios debió de diseñar cada una de las especies que existen. Me interesa más hacer hincapié en el hecho de que una teoría científica contrastada y de enorme relevancia social sea rechazada o muy pobremente comprendida. En mi opinión, una explicación posible del tal rechazo reside en el desconocimiento.

Debatimos insistentemente -ahora estoy pensando en España- acerca de los programas educativos para nuestros jóvenes; por ejemplo, si es aceptable o no imponer asignaturas como Educación para la Ciudadanía, ante la cual algunos argumentan que limita la libertad de los padres a ejercer sus derechos en la formación (moral y religiosa) de sus hijos. Y, mientras tanto, la enseñanza de ciencias sufre cada vez de más carencias.

No parece preocuparnos demasiado, por ejemplo, si se enseñan adecuadamente sistemas científicos tan básicos como la teoría de la evolución de las especies. El pasado noviembre, se publicó un libro en el que se adjudicaba a la Reina, doña Sofía, la siguiente manifestación: "Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida".

Podrá resultar doloroso a algunos, pero la única explicación que da lugar a comprobaciones contrastables sobre el origen del mundo y de la vida procede de la física, de la química, de la geología y de la biología. La religión pertenece a otro ámbito.

¿Es legítimo ocultar a los niños ese mundo científico, condicionando así sus opiniones futuras, en aras a algo así como "mantener su inocencia", o por las ideologías de sus padres? Haciendo públicas sus opiniones en una cuestión cuya importancia no puede ignorar, y por la elevada posición que ocupa, doña Sofía hizo publicidad de una determinada forma de entender el mundo, que jamás ha recibido comprobaciones contrastables.

Una forma, además, que, al menos en España, de la mano de la jerarquía católica, pretende intervenir en apartados que pertenecen al poder legislativo, como son los programas educativos o lo que es admisible o no en los tratamientos médicos (no puedo olvidar en este punto las manifestaciones de la Conferencia Episcopal Española a raíz del nacimiento, en octubre de 2008, de un niño tratado genéticamente para curar a un hermano que sufría anemia congénita: "El nacimiento de una persona humana ha venido acompañado de la destrucción de sus propios hermanos a los que se ha privado del derecho a la vida"; palabras no sólo cuestionables desde el punto de vista de la ciencia sino también, en mi opinión, carentes de compasión ante el sufrimiento ajeno).

Necesitamos educar en la ciencia a nuestros jóvenes; no, naturalmente, para que entiendan que ella es el juez supremo para las opciones que quiere asumir una sociedad democrática. La ciencia es, simplemente, un instrumento -el mejor- que los humanos hemos inventado para librarnos de mitos, orientarnos ante el futuro y protegernos de una naturaleza que no nos favorece especialmente. Sucede, no obstante, que no se ha instalado de manera tan segura en nuestras sociedades como se podría pensar, siendo contemplada frecuentemente con sospecha. Si como muestra sirve un botón, he aquí la siguiente cita (Juan Manuel de Prada, XL Semanal, 5-11/X/2008): "La ciencia parece dispuesta a demostrar esto y lo otro; y mañana podrá sin empacho alguno desdecirse y demostrar que lo opuesto a lo contrario es lo cierto, en un tirabuzón enloquecido y sin fin. Y todo ello bajo un manto de inapelable respetabilidad". Por supuesto que existen científicos envanecidos, incluso tramposos, y también que se cometen errores, pero no olvidemos que en última instancia la ciencia no es sino capacidad de identificar y remediar equivocaciones, de buscar sistemas con capacidad predictiva.

Recordar y celebrar a Darwin es más que un acto festivo; constituye un homenaje a la ambición y el rigor intelectual, al poder de nuestra mente para comprender el mundo. Y también es un ejemplo de que la investigación científica no tiene por qué ser ajena a atributos humanos como son el amor a la familia, la decencia, la discreción o el ansia de justicia. La biografía de Charles Darwin -un hombre que llevó a cabo un largo y complejo camino, que le llevó a consecuencias que no había previsto y que le obligaron a desprenderse, en un doloroso proceso, de las creencias religiosas en que había sido educado- está repleta de todo esto.

Publicado en El País el 01-02-2009. Su autor, José Manuel Sánchez Ron, es miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Visto al pasar

Tras unos días sin ordenador vuelvo con el siguiente video:



Me pregunto si ahora los creacionistas dejarán de beber esta marca de cerveza...

lunes, 24 de noviembre de 2008

El hombre desciende del mono

El hombre desciende del mono

Esta afirmación es FALSA.


Para los creacionistas, el mono al que supuestamente se refería Darwin era básicamente un chimpancé o un simio más pequeño. Pues bien, el hombre no desciende de ese mono (chimpancé). La pruebas científicas demuestran que tuvieron un ancestro común del que derivaron ambas ramas hace unos 5 millones de años, pero ni somos hijos de ese mono (chimpancés), ni ellos nuestros, sino que, en todo caso, somos primos lejanos (o quizá no tan lejanos, ya que compartimos un 99% de homología genética) o dicho de otro modo, tuvimos el mismo tataratataratatara... (n veces) ... tatarabuelo. Cuando dos especies tienen un mismo ancestro, muestran ciertos parecidos entre sí. Cuanto más cercano en el tiempo es el ancestro, más parecido guarda con sus descendientes. Es algo similar a lo que ocurre con los hijos y los nietos, que cada vez se van pareciendo menos a sus padres y abuelos. En el caso de las especies no se trata de parecidos físicos en la cara, sino en los esqueletos, los sistemas fisiológicos, el ADN, las proteínas, etc. El árbol evolutivo es el siguiente:



El género Homo es al que pertenecemos nosotros, el género Pan son los chimpancés y bonobos, y el Gorilla son los gorilas.

Cuando Darwin publicó su "Origen de las especies" se organizó un gran revuelo a nivel científico y social. Científicamente la teoría de la evolución del Darwin organizó tal revuelo sobre todo porque era la base que necesitaba la biología para dar sentido a sus estudios. Usando una analogía típica, la biología había conseguido mucho ladrillos, pero desconocía como unirlos; entonces Darwin publicó su teoría que fue el cemento/hormigón con el que unir los ladrillos. En el seno científico se le criticó que no propusiese un mecanismo de herencia genética (en aquella época aún no se conocían las leyes de Mendel) pero en general se aceptó bastante bien la teoría, más particularmente porque ya hubo otros científicos que propusieron ideas muy parecidas, sólo que Darwin afino mucho más y mejor.

Y ¿qué ocurrió socialmente? Pues lo que ocurrió es que en una sociedad con creencias religiosas muy profundas no se aceptó el hecho de que el hombre no sea una creación divina, sino que es simplemente otro animal como muchos otros de los que pueblan y han poblado el planeta. Por alguna extraña razón, llegaron a dos conclusiones muy raras: la primera, que si el hombre no era creación divina, entonces dios no existe; y la segunda, que el hombre desciende del mono (considerando que ese mono es el chimpancé). Veamos estas falacias:

No es asunto de la ciencia si dios existe o no, ya que no es una hipótesis falsable y por tanto es un tema que no le concierne a la ciencia. En cualquier caso, es una lógica muy extraña esa de que "si A no es consecuencia de B, entonces B no existe". Es el equivalente a decir que como las peras no son consecuencia (o fruto) de un manzano, entonces el manzano no existe. Dicha lógica no tiene ni pies ni cabeza, es una falacia pura y dura, pero cuando se carecen de argumentos científicos como les sucedía (y sucede) a los religiosos (actualmente a los creacionistas y los defensores del diseño inteligente) no les cabe otra posibilidad que desarrollar tales falacias (porque callarse no se van a callar, prefieren quedar en ridículo).

Segunda falacia: el hombre desciende del mono. Ni Darwin ni ningún otro científico dijo en momento alguno, ni siquiera en su "Origen de las especies" ni en "La descendencia humana", que el hombre descendiera del mono (insisto en que los creacionistas, al hablar de mono, se refieren al chimpancé), sino que compartía la misma anatomía que los monos superiores, y que por tanto el hombre descendencia de una forma inferior, una forma intermedia que dio lugar a los monos (chimpancés) y a nosotros, lo que usualmente se ha llamado el "eslabón perdido". Fue el obispo Wilberforce, un teólogo de la época, quién en el debate que se montó un año después de la publicación del "Origen de las especies" le preguntó a T. H. Huxley si se consideraba descendiente del mono por vía paterna o materna, provocando las carcajadas del auditorio. Huxley, ni corto ni perezoso, le contestó que si él tuviera que elegir entre descender de un mono o descender de un hombre relevante y que poseía una gran influencia que utilizaba para ridiculizar un debate científico y para desacreditar a los que buscan la verdad, no dudaría en elegir al mono. Fue precisamente Huxley quien propuso que el hombre tuvo un ascendiente simiesco (pero no que fuera necesariamente un chimpancé).

Y ¿qué hay del eslabón perdido? Los religiosos siguen diciendo que nunca se ha encontrado... La realidad es que no se ha encontrado uno, sino muchos:



Y aunque para todo ello hay pruebas científicas, hay gente que sigue prefiriendo descender del barro que de un primate.

Actualización: como bien dice El Paleofreak en los comentarios, científicamente sí es correcta la expresión "El hombre desciende del mono". Ahora bien, hay que diferenciar entre el concepto científico de mono y el concepto creacionista. El concepto creacionista de mono es, simple y llanamente, el chimpancé o algún primate más pequeño cuyo tamaño haría "absurda" una supuesta evolución hacia el hombre. El concepto científico de mono es... TODOS los primates: chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y los monos del viejo y del nuevo mundo. Y es que todos los primates descienden de los monos del viejo y nuevo mundo, tal y como nos los explica El PaleoFreak en esta entrada.